miércoles, 14 de agosto de 2013

Next stop


Un autobús parado frente a ella con las puertas abiertas. Respira tres veces y sube uno a uno los tres escalones del autobús número 157. Las puertas se cierran y el autobús se marcha con su ruido de motor viejo y oloroso.

La parada de autobús se ha quedado vacía en la noche. Mañana será de nuevo lunes. Mañana por la mañana la parada de autobús estará a rebosar de gentes con prisas, gentes soñolientas, gentes recordando el fin de semana y gentes anticipando la jornada. Pero entre toda esa gente, nadie se dará cuenta de las dos marcas de fuego que dejaron los pies de Ella cuando imaginó un sentimiento. Nadie se percatará de que tan solo unas horas antes, allí hubo alguien que decidió dejar de esperar a la nada y coger por fin el autobús que la llevaba a casa. 

Nos vamos. (Mi corazón y yo.)

lunes, 1 de julio de 2013

La nota


“Siempre estás a tiempo de volver, pero nunca tendrás la oportunidad de llegar tan lejos.” 

Eso es lo que había escrito en la nota que me encontré ayer dentro de la maleta que me llevé cuando me marché de su lado hace dos años.

miércoles, 26 de junio de 2013

A la luz de las velas... mmm


La copa de vino tiene un color especial a la luz de las velas. 
    (Todo tiene un color especial a la luz de las velas. )
Lo malo es ver las mismas cosas a las doce de la mañana del día siguiente. 

Eso me pasó contigo cuando volvió la luz y me di cuenta de que:
todo 
fue 
producto 
de 
la 
luz 
de 
las 
velas.

martes, 16 de abril de 2013

Proyecto de olvido


Empecé un cuaderno hace unos meses. En la primera página escribí: “Marzo frío y lluvioso. Proyecto para olvidarte. 2013”. Hoy me doy cuenta de la tontería. No terminar el cuaderno fue la mejor forma de olvidarte. 

miércoles, 27 de marzo de 2013

La solución desesperada


Me voy a coser los labios para no gritarte los reproches que se me atascaron por no escucharme a mi misma antes que a ti. 

domingo, 10 de marzo de 2013

Así dices que pasaron cinco años...


Después de comerse el tomate a mordiscos sonó el teléfono. Era Él devolviéndole la llamada.
-       Hola -dijo Ella, en ese tono neutro que provoca la distancia temporal.
-       Hola... ¿me has llamado? – preguntó Él.
“Pregunta absurda donde las haya”, pensó Ella, “pregunta que no necesita ser contestada.”
-       ¿Estás bien? – preguntó Él - Dime... ¿qué te pasa? No sé, hace como cinco años que no hablamos... ¿te ha pasado algo?
-       ¿Cinco años? Eso es lo que tú te crees.
Acto seguido Ella colgó el teléfono y se acurrucó en el sofá. A veces se tarda cinco años en cerrar una historia. Pero al final, se cierra. 
Comamos tomates a mordiscos.